Luca Coge, E. Furió
Estos días de mayo de 2012, los titulares de diferentes medios de comunicación recogen la noticia de que los ciudadanos griegos están retirando el dinero que tienen depositado en las entidades bancarias para tenerlo guardado en sus casas. ¿Son éstas unas situaciones de pánico? ¿Guardan relación con los ataques de pánico y de ansiedad de que hablan los psicólogos? Para relacionar ambos temas primero tenemos que describir cada uno de ellos. En esta entrada nos ocuparemos de los pánicos financieros y bancarios.
Volviendo al pánico financiero, en el caso de Grecia, la razón más probable de este compor
tamiento es que los depositarios anticipen una salida de Grecia de la zona euro y la sustitución, en su país, del euro por una nueva moneda nacional un nuevo dracma.
Si esto tuviese lugar, los ciudadanos griegos anticipan también toda una serie de depreciaciones consecutivas del dracma frente al euro, con la consiguiente y continua pérdida de poder adquisitivo de la moneda griega y el empobrecimiento todavía mayor del país. Para evitar ser pobre o paliar el nivel de pobreza, conviene tener una moneda fuerte, en este caso el euro, y desprenderse de la moneda débil, el dracma. Y, esto es lo que persiguen los griegos que retiran sus euros de los bancos.
Estas circunstancias suelen visualizarse por las largas colas de los depositarios ante las puertas de los bancos con el propósito de retirar su dinero. Estas circunstancias también tienen lugar cuando lo que esta en juego no es el sistema monetario nacional sino una o varias entidades bancarias. En este caso, los clientes de una o varias entidades bancarias quieren retirar sus depósitos de los bancos en crisis para colocarlos en otros más fiables.
Ilustración 2: Pánico ante las puertas de una oficina de Northern Rock (14/09/2007)
El 14 de septiembre de 2007, el banco escoses Northern Rock solicitó al Banco de Inglaterra un apoyo financiero para hacer frente a los de problemas derivados de la crisis de las hipotecas subprime de los Estados Unidos. El 22 de febrero de 2008, el banco fue nacionalizado ante la incapacidad de responder a sus ahorradores y por el riesgo de quiebra.
Cuando la retirada de fondos afecta a todo el sistema monetario nacional, los gobiernos suelen tomar la decisión de bloquearlos e impedir la retirada de los mismos. Básicamente, por dos razones, por un lado porque la propia retirada de fondos agrava la situación de liquidez de los bancos y confirma los temores de los depositarios. Estos quieren retirar sus fondos porque temen que el ban
co no tenga suficiente liquidez para, en un momento dado, devolverles el dinero, pero al retirar anticipadamente los fondos, eliminan toda la liquidez del banco y, con ello, confirman sus temores.
La otra razón para bloquear legalmente los depósitos por parte del gobierno, es evitar la huida de capital. De acuerdo con los medios de comunicación, una parte de la población griega poseen cuentas en Suiza por un valor de 280.000 millones de euros, lo que representa 120% del PIB griego. En diciembre de 2001, el gobierno argentino restringió la libre disposición de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorros. El objetivo que se perseguía con estas restricciones era evitar la salida de dinero del sistema bancario y del país, intentando evitar así una ola de pánico bancario y el colapso del sistema. El periodista argentino Antonio Laje denominó a esta situación con la expresión de “el corralito”, cuyo uso se extendió a toda la comunidad hispanohablante para describir las situaciones de pánico bancario y financiero.
En conjunto, este tipo de circunstancias se denominan pánicos financieros o bancarios. Pero, la cuestión que me gustaría tratar es qué relación existe entre estas situaciones de pánico financiero y los ataques de pánico o crisis de angustia. ¿Los pánicos financieros pueden asimilarse a crisis de angustia generalizados con idénticos síntomas fisiológicos pero generalizados? En las próximas entradas abordaremos está cuestión. Previa a la búsqueda de esta relación, era necesario presentar el pánico bancario y financiero. Y, este es el propósito de esta entrada.
Hasta luego y mucha suerte.
Referencias
Ilustración 1: Pánico a las puertas de una sucursal bancaria en New York de American Union Bank durante la Gran Depresión, http://www.ssa.gov/history/bank.html
Ilustración 2: Pánico ante las puertas de una oficina de Northern Rock (14/09/2007), Lee Jordan, http://flickr.com/photo/30249912@N00/1393780566

Ilustración 1: Pánico a las puertas de una sucursal bancaria en New York de American Union Bank durante la Gran Depresión

Como mecanismo comunicativo, la emoción no solamente se dirige a los demás o a nuestro entorno. También nos proporciona información a nosotros mismos. Las emociones sirven de sistema de lectura de la situación actual para indicarnos cuán bien o mal están produciéndose los acontecimientos. La alegría no impulsa a continuar hacia la meta que nos hemos propuesto y hacia la inclusión social; en cambio, la aflicción no transmite un sentimiento de fracaso, de pérdida o de equivoco. Interpretamos nuestro entorno inmediato y futuro a la luz de las emociones que nos invaden; y, a partir de ello, seguimos con nuestros planes porque “sabemos” o “sentimos una saber” de que estamos en el buen camino, o por el contrario, modificamos nuestras decisiones porque “concluimos” a partir de las emociones que estamos en un callejón sin salida.






Neuroscience
Carlson et al. han encontrado que en cultivos de neuronas que WRP se localizaba en los filopodios dendríticos y en las espinas de las dendritas. La sobreexpresión de WRP comportaba un aumento de la densidad de los filopodios, mientras que la reducción de estos reduce la maduración de las espinas in vivo.
Michel Lacroix en su libro Le culte de l’émotion (Flamarion, Paris, 2001) aborda la consolidación de la sociedad de la emoción. Una sociedad cuyos miembros se han embarcado en una búsqueda continua de sensaciones fuertes. Todas las sensaciones son válidas para el hombre actual, no importa que sean reales o virtuales, pero si son intensas mucho mejor. La volatilidad humana está en parte motivada por nuestra afectividad, el conjunto de sentimientos, emociones y pasiones de una persona. Existir es vivir con emociones, es vibrar. Y, Michel Lacroix estableció la distinción entre emociones choque y emociones contemplación.
M. Lacroix plantea estas dos emociones como dos alternativas contrapuestas y enfrentadas. Llega incluso a asociar el empeoramiento en el nivel de lectura de los alumnos de secundaria a la precocidad de su vida sexual. Es posible encontrar muchas simplificaciones que alimenten este tipo de afirmaciones. Pero estas, no otorgan ningún alcance a esta distinción de emociones. Es más, lejos de enfrentarlas es más sensato pensar que el fortalecimiento emocional de una persona requiere de las dos categorías de emociones, siempre en buenas dosis.
Michel Lacroix en su libro Le culte de l’émotion (Flamarion, Paris, 2001) aborda la consolidación de la sociedad de la emoción. Una sociedad cuyos miembros se han embarcado en una búsqueda continua de sensaciones fuertes. Todas las sensaciones son válidas para el hombre actual, no importa que sean reales o virtuales, pero si son intensas mucho mejor. La volatilidad humana está en parte motivada por nuestra afectividad, el conjunto de sentimientos, emociones y pasiones de una persona. Existir es vivir con emociones, es vibrar. Y, Michel Lacroix estableció la distinción entre emociones choque y emociones contemplación.
M. Lacroix plantea estas dos emociones como dos alternativas contrapuestas y enfrentadas. Llega incluso a asociar el empeoramiento en el nivel de lectura de los alumnos de secundaria a la precocidad de su vida sexual. Es posible encontrar muchas simplificaciones que alimenten este tipo de afirmaciones. Pero estas, no otorgan ningún alcance a esta distinción de emociones. Es más, lejos de enfrentarlas es más sensato pensar que el fortalecimiento emocional de una persona requiere de las dos categorías de emociones, siempre en buenas dosis.
más o menos corta, y de frecuencia irregular.
La fuga